Mi primera experiencia con la marihuana
Cuando escuchaba hablar sobre unos jovencitos (algo menores que yo) por mi barrio, que se reunían en una esquina a fumar marihuana a oscuras, en mi mente pasaban rápidamente imágenes de su familia destruida, un ciclo de adicción deprimente, malas calificaciones, rebeldía y nula aceptación social. Yo trato de no pensar en ellos porque no los conozco; además yo tenía problemas con el alcohol así que por esa parte los entendía, sin embargo, no voy a olvidar mi primera experiencia con la marihuana y se las quiero contar. No fué lo que yo pensé que sería.
Conocía a este chico desde la secundaría, y lo sigo viendo en la universidad, por lo cual teneamos 5 años de una hermosa amistad. Yo no sabía que él la cosumía, pero un día me enteré. Lo conversamos y quedé en shock. Trataba de adivinar qué problema podía tener mi amigo. Qué cosa tan grave le estaba sucediendo para que recurriera a tal vicio. Yo por mi parte soy fumadora pero de un relativamente indefenso cigarrillo. No sabía lo que era un porro, ni una pipa de la paz y por supuesto mi amigo no me lo iba a brindar; para mí beber era suficiente alivio de los problemas. Luego para mi sorpresa otra de mis mejores amigas también la consumía, de allí que pasara tanto tiempo con el otro chico. Me lo dijo, y yo respetaba eso. No obstante estaba confundida porque parecían ser muy felices con ese vicio ilegal. No entendía nada. Por fin me atreví y dije que quería probar. Tenía curiosidad. Me preguntaron si estaba segura, y les dije que sí. Después de todo, si no era malo para ellos, estaba segura que no era malo para mí. Así lo hice, la probé y juro que jamás olvidaré ese momento. Todo fué precioso, aunque suene tonto, cursi y algo infantil. Me encantó esa experiencia.
Esa noche conocí a dos chicos, muy respetuosos y simpáticos que me trataron como si me conocieran de toda la vida. Personas súper agradables que me recogieron en mi casa. Fuimos a un lugar solitario donde sólo había una carretera de piedra que pensé no tenía final, naturaleza a ambos lados y el ruido acostumbrado de la noche con sus grillos y brisa traviesa. Allí nos estacionamos. Eramos cinco: mi amiga, mi amigo, mis dos nuevos amigos y yo. Pasaron la pipa encendida, no sin antes enseñarme cómo se prendía y cómo se agarraba. Me preguntaron que tal y yo dije, todo bién. No había nada extraordinario aún. Luego de varias rondas, empezaba a sentirme diferente. La garganta seca, con demasiado sentido del humor, me reía de los chistes sin siquiera entenderlos (no era necesario) y todos nos estábamos riendo de lo que decíamos. Era un completo relajo, una simplicidad del momento y algo para continuar haciendo. Luego me preguntaron: Y ahora q tal? Y yo contesté, ahora sí!!
Así que uno de ellos llamó la atención de todos y con un tono serio me dijo mientras los demás me miraban fijamente:
"Somos un grupo de amigos, nos reunimos para reirnos de nosotros mismos, para pasarla bien, usar la creatividad y desestresarnos. Aquí no se admiten groserías, ni peleas, ni sexo porque estamos entre verdaderos amigos.
Bienvenida a la HERMANDAD, YA ERES UNA HERMANA MAS"
Mientras me decía estas cosas, lo miré con el mismo aprecio con que él me miraba y le dí las gracias. Me sentí genial, me sentía contenta de estar allí y de pasar por aquello con mis amigos. Personas que conozco desde hace mucho y que me presentaron a otras que no quiero que salgan de mi vida.
Pero eso no fué todo. Después de aquellas palabras. prendieron varitas de incienso y con movimientos rápidos y circulares hacían formas que resultaban ser fascinantes a la vista. Un anillo que parecía de fuego, provocaba atraparlo entre tus manos y manipularlo con los dedos. Me cedieron la varita a mí y como niña con juguete nuevo no me cansé de manejarla hasta que se acabó. Era todo una completa novedad, se me notaba en la sonrisa que me encantó. Las miradas eran animadas y cómplices, en un momento pensé que se me hacía tarde, sin decir a nada a nadie y disimuladamente viendo el reloj, uno de los chicos me dijo... tranquila, sólo han transcurrido 20 minutos. Esa noche sentí que jugué con el tiempo.
Ya preparándonos para irnos a casa, prendieron la radio y pusieron un Cd con la canción con que habían nombrado a aquel lugar tan alejado de la hipocresía: Ciudad de la Furia de Soda Stéreo. Nos quedamos callados por un rato, escuchando el ritmo pesado de aquella canción, donde cada palabra se quedaba en tu cabeza, y se repetía una y otra vez:
"Me verás volar por la Ciudad de la Furia,
Donde nadie sabe de mí, y yo soy parte de todos"
A mis 19 años supe lo que era la marihuana y a partir de allí la he seguido fumando.